Friday, July 30, 2010
 
 

"El camino de la Simbolización
Producción del sujeto psíquico"
Myrta Casas de Pereda

 

"El camino de la Simbolización
Producción del sujeto psíquico"

Myrta Casas de Pereda

Paidós Psicología Profunda

Este libro recorre una doble vía: por un lado, otorga fundamentación epistemológica a la observación clínica y, por otro utiliza sus términos como instrumentos para pensar problemas de psicoanálisis, en particular la articulación entre cuerpo y símbolo. La simbolización, entendida como trama o red de "acontecimientos" psíquicos, enlaza los elementos que constituyen la metapsicología a lo largo de la obra freudiana. Desde referentes teóricos de diversos ámbitos -psicoanálisis, lingüística y semiótica-, la autora propone una serie de conceptos innovadores.

Adquieren especial relevancia aquellos que se refieren a la construcción de la imagen -bisagra entre lo psíquico y lo biológico-, y a su rol en los procesos de identificación. Las observaciones sobre el cuento y el contar, y su función de entrenamiento de las simbolizaciones, resultan esclarecedoras, así como las sutiles consideraciones sobre la función paternal y las diferentes modalidades del "no" que éste vehiculiza. El análisis minucioso del mecanismo de la desmentida, a la cual de la confiere un estatuto organizador, le permite a Myrta Casas de Pereda proponer una nueva clasificación de los juegos infantiles. A partir de la inclusión de la semiótica de Peirce en la reflexión teórica, este libro -recopilación de trabajos realizados a lo largo de decenas de años- deja abiertos nuevos interrogantes y posibles vías de trabajo, estimulando así perspectivas enriquecedoras para la escucha del inconciente.

En la tercera parte del texto se percibe un trabajo de lectura de la autora que es exposición de un método, método que no implica hacerle decir a un autor lo que no dijo, aunque tampoco significa privarse del placer de dialogar con los autores o dejarlos dialogar entre sí. Tal es lo que acontece en esta sección como diálogos posibles o imposibles entre Freud y Winnicott. La autora revisa allí, cosa no frecuente, aquellos conceptos que más trabajo les han dado a los estudiosos de la obra de Winnicott, como la noción de falso y verdadero self, o el concepto de pulsión, así como sus propuestas de cura.

Myrta Casas de Pereda es Doctora en Medicina, Psicoanalista y Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Ha sido Directora del Instituto de Psicoanálisis y Presidenta de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay. Es autora de numerosas publicaciones en revistas nacionales y extranjeras, y coautora de El juego en psicoanálisis de niños; La castración; Presencia de Lacan; Acto, acting out y discurso infantil; El cuento y sus perspectivas, entre otros.

 
Comentario del libro "EN EL CAMINO DE LA SIMBOLIZACION" de la Dra. Myrta Casas de Pereda

Dr. Javier García - Montevideo- Uruguay

El comentar un libro parece ubicarse en una zona de desprendimiento, de parto, entre el libro y su autor y el pasaje del libro a otro lugar. El acto de la escritura ya empieza a marcar esa diferencia. Cuando aparece el libro impreso el autor se hace lector y aumenta ese descentramiento. Pero en este acto, donde somos otros lectores los que lo comentamos también a otros lectores o futuros lectores, algo mayor de ese desprendimiento y pasaje se sustancia. Aunque nominado, firmado por la autora, entra al interjuego de otras subjetividades. Algo cae y el libro entra a andar.
Hacer su comentario es una primera versión-traición en sociedad. En eso consiste la caída. Nosotros vamos a tomar algunos hilos y daremos algunas puntadas y en algún momento la autora pensará: "No, no fue eso lo que quise decir en realidad...". Pero eso se silenciará, caerá y permitirá que se armen otros pensamientos. De la misma manera que textos de otros autores como: Freud, Winnicott, Lacan, Baranger, Pierce, Austin, Bajtin, Deleuze,...., son cuidadosamente estudiados en este libro, en versiones producto de un trabajo o de haberlos hecho trabajar en otro con-texto, el de la autora.
El psicoanálisis nos enseña que tanto lo propio y lo ajeno como lo interno y lo externo no solo no son simples, fácilmente delimitables, sino que no están dados desde el inicio, tienen cierta necesidad el uno del otro y configuran una zona de complejidad. Este libro tratará de estas cuestiones. La autoría, cuando del sujeto psíquico se trata, requiere del otro, se arma desde el otro y requiere también desprenderse del otro. Pero inevitablemente uno reencuentra a cada paso las marcas que han dejado todos esos otros que nos permitieron realizar ese trabajo de apropiación-separación.
Quiero decir: me siento, en tarea, representando a varias generaciones de analistas y futuros analistas que hemos recibido de Myrta una comprometida y creativa transmisión del psicoanálisis, como docente de seminarios, supervisiones y otras instancias. Lo que también habla de huellas y diferencias.
Para quienes hemos seguido de cerca la producción de Myrta, que es abundante, reconocemos en este libro una larga trayectoria. No obstante, el libro se nos presenta como algo nuevo y no solo porque muchos de los trabajos fueron reformulados para su publicación, es su estructura interna, su armazón conceptual que se redescubre en una nueva lectura: el libro como producto actual.
Myrta Casas de Pereda nos ofrece textos intensos. Encaran algunos de los problemas más actuales, al tiempo que limítrofes, en las teorías psicoanalíticas. Me refiero aquí a un doble límite.
-Uno de ellos por tratarse de la estructuración del psiquismo, su fundación singular y única en el contexto de la pre-existencia del deseo del otro y la cultura. Hablar de orígenes sitúa inevitablemente un límite y una postura.
-Otro límite lo pienso en el recurso a otras disciplinas, como la lingüística y la semiótica. Hacerlas trabajar en nuestro campo teórico-clínico. Se sitúa aquí una frontera indispensable entre teorías, que requiere de un trabajo desconstructivo y reconstructivo.
Ambos límites son a la vez desafíos.
Los lectores no van a encontrar, entonces, un "tour" fácil. Por el contrario el libro nos propone un ambiente de trabajo serio y continuado a través de muchos años, que nosotros reconocemos en la autora. Si las tendencias de la cultura actual están hacia ciertos facilismos, "flashes", ilusiones de saberes globales, ustedes encontrarán que estos textos cruzan, cortan este muro ilusorio. Son una invitación a pensar.
Por razones obvias no voy a intentar resumir el libro ni citar todos los conceptos ofrecidos, muchos de ellos de cosecha de la autora. Tomaré un cierto hilo conductor referido al lenguaje, al cuerpo y al otro. Y previamente intentaré situar zonas o guías donde pienso que estas ideas de la autora van armando teoría.
El psicoanálisis trabaja con palabras, con relatos y todo lo que ellos portan de afecto. Pero ¿se puede hablar de que el afecto se porta, como algo que las palabras llevan al modo de una vestidura? Por otra parte, si siempre fue indiscutible el valor de la palabra en psicoanálisis ¿qué de ella se privilegia en la escucha y en la interpretación, inevitablemente como consecuencia de cómo se la piensa en la estructura del psiquismo? ¿Es un significado adherido a ella? ¿Se distingue un significado del sentido producido? ¿Habrá códigos universales para desentrañar estos sentidos o habrá que pensar a estos códigos, en los actos singulares en que permiten que se produzcan efectos de sentido como recreación singular de símbolos?
Nosotros podemos reconocer en estas preguntas una zona de discusión que se abrió ya con Freud. Con el mérito de haber inaugurado la investigación de complejidades sin evitar contradicciones que nos relanzan a la investigación. Reconocemos también una zona donde se dio el aporte de Jacques Lacan que, digámoslo así: recrea y arma una nueva teoría.
Paradojalmente, en la investigación del lenguaje en psicoanálisis, se fue armando una Babel que hoy padecemos, a la vez, que nos desafía.
Una de estas zonas-problema sobre la que se ha escrito, abundantemente en las últimas cuatro décadas, es la identificación del concepto de significante con el de significante fónico y el de lenguaje con el de lenguaje verbal. Como consecuencia de ello se hicieron desarrollos hacia una zona pre-verbal tomada como pre-lingüística, concebida tanto para una etapa del desarrollo como para una tópica de las profundidades.
Otra de estas zonas-problema es la conceptualización del afecto. Freud relativamente independizó al afecto de la representación en sus posibles destinos. Pero también lo ligó, lo ancló en representantes pulsionales, engarces producto de la represión estructurante (originaria y secundaria). Quizás por una identificación muy rápida entre el concepto de significante y el de representación, debido a la amplitud y múltiple procedencia de este último concepto, se criticó la teoría del significante (en psicoanálisis)por haber dejado de lado el problema del afecto y la necesidad de mantener un campo específico para éste.
Finalmente, destacaré una tercera zona-problema entre una noción estructural del psiquismo y otra psicogenética-evolutiva. Nunca es fácil encarar el problema de las sincronías y diacronías, especialmente porque pensamos desde una referencia cronológica. El desafío es manejar una noción de estructura sincrónica, al mismo tiempo que considerar cómo esta se va moviendo en las vicisitudes de la vida, en sus distintos momentos.
A estas tres zonas problema y de confusión: lenguaje, afecto y estructura, debemos agregar otra sobre la cual hay más acuerdo actual, aunque se la teorice diversamente: la importancia del otro, del deseo del otro y de la cultura en la estructuración del psiquismo.
En estas zonas, que son también guías, es donde veo que se van tejiendo los aportes que trae en este libro Myrta. En contra de lo que muchas veces es una idea abstracta del significante, aunque por definición es material y en contra de la idea de que lenguaje es sinónimo de lenguaje verbal, veremos de diferentes formas en estos textos , para decirlo rápidamente, la conceptualización práctica y teórica de un significante encarnado y por tanto, de un cuerpo erógeno en movimiento, en gesto, en juego, siempre en acto con el otro, que debe ser "leído", "escuchado" como discurso.
La palabra en tanto materialidad significante movida y armada por la pulsión, por lo real que hay en ella, es acto, es real-ización, como también lo es el gesto y el juego. Tanto el discurso verbal como el gestual y sus armados lúdicos, son un "hacer", un "haciéndose" con el otro y en el otro, donde afectamos y somos afectados. Se engarzará en ese "haciendo-produciendo", el cuerpo, el significante y el afecto.
Si hablar -como dice Austin- es hacer cosas con palabras, hacer -dirá Myrta- es una forma de hablar, una forma discursiva.
Queda allí captada una dimensión encarnada del significante, al mismo tiempo que la de un cuerpo dentro del mundo simbólico.
Diría: la carne se hace cuerpo erógeno, se hace gesto, juego y palabra, cuando en sus recovecos se arma con el otro y siempre en acto, el significante y el deseo.
Esta idea de estructura psíquica produciéndose nos permite pensar la real-ización singular de pre-existentes, que siempre están "ya ahí", como el deseo y la cultura. Singularidad re-creadora de símbolos.
Indudablemente esto nos introduce en una concepción de la estructuración psíquica. El semejante, al significar el grito del bebé como pedido, articula cuerpo y símbolo, dice la autora. Pero ¿se trata allí de dos zonas heterogéneas, un cuerpo material, un símbolo abstracto y un afecto que circula no se sabe cómo por esos dos universos? El recurso a las analogías trae sus problemas. La articulación planteada no supone un desarraigo entre símbolo, afecto y cuerpo sino -por el contrario- un acto, un hacer-haciéndose, donde palabra, gesto y juego son real-izaciones significantes. Son lenguaje y afecto en tanto afectaciones.
En estas real-izaciones se arma la estructura psíquica. Como metáfora es en la piedra esculpida (objeto, cuerpo) -cortada, marcada por el deseo- y no en las representaciones o ideas que de eso se tiene, donde lo simbólico del sujeto se va armando, como estructura psíquica.
Sin embargo la imagen tendrá su importancia.
La palabra no es menos corporal que el gesto y esta dimensión encarnada de la palabra, no abstracta -mucho más acá que su significado- es esencial para disponer de su efectividad en psicoanálisis. Esto es válido para el juego en análisis con niños y para todo análisis. El gesto-cuerpo en movimiento no es menos discursivo que la palabra, se hunde en el lenguaje que pre-existe al sujeto, dice la autora. Un cuerpo escrito, una escritura libidinal en movimiento. Tenemos la posibilidad de pensar conceptos que a veces se suponen en un nivel meta-teórico desarticulado, razón por la cual muchas veces se los abandona, como el representante-representativo y la represión originaria. La posibilidad de pensarlos en una dimensión, a la vez encarnada y discursiva, singular en su producción pero en un contexto que lo excede y antecede, generador de subjetividad separada, de sujeto de deseo, pero solo en renovadas puestas en escenas, con otros. Todo análisis se inaugura con estas expectativas que no son de observación y traducción sino de producción.
Ahora bien, cómo pensar este acto articulador de estructura que hasta ahora lo traigo en su dimensión sincrónica con el otro (la madre)? Cómo pensarlo, a través del tiempo, a través de la vida del niño?
Este libro se titula "En el camino de la simbolización". Da cuenta de un trayecto, de movimiento, de trabajo en el tiempo. No solo se trata de una estructura no cerrada, profundamente abierta porque toda ella se arma alrededor de algo caído, perdido, imposible ("lo real") sino que además es una estructura en movimiento, cuya consistencia se arma en cada real-ización con el otro-los otros. No reconocemos allí las características de un estructuralismo duro, ese que nadie auto proclamó pero que muchos adjudicaron. Y esta es una de las zonas de mayor aporte de este libro. Una idea de la estructuración psíquica que nos va permitiendo pensar el camino de la simbolización al mismo tiempo que de producción de sujeto psíquico, concebido como efecto de real-ización de estructura.
Aparecerá en la relación del bebé con la madre, en el "o - a" del juego del carretel,en los diferentes juegos en el curso de la infancia, en las creencias infantiles, retomando este trabajo de estructuración en la latencia. Una latencia concebida en actividad psíquica resignificativa, consolidando el sepultamiento, desconstruyendo creencias, con transformaciones pulsionales importantes a los efectos de la sublimación y la socialización, pues se amplía el universo de los otros. La importancia en este período del pasaje del anterior escenario del juego al del pensamiento no implica, sin embargo, un abandono de la real-ización en acto y escena ni de las actividades lúdicas. Por el contrario, ésta se nutre y complejiza en los juegos reglados y con apertura a otros grupos. En la adolescencia la puesta en acto y escena pone en evidencia la fuerza de la palabra como acto dirigida a otro, al mismo tiempo, que el hablar con el cuerpo y la necesidad de confrontación (con el otro), la función del padre ocupa un lugar central.
Este itinerario cronológico de re-actualizaciones renovadas es otro aporte importante que se obtiene a lo largo de la lectura del libro.
El tiempo queda referido también a la cultura y sus cambios. El otro, en sus diferentes lugares y funciones -como representante directo de la cultura- lo verán intervenir con ciertas características de la cultura actual, como la presencia-ausente o indiferencia, así como declinaciones de la función paterna, que podrían provocar importantes efectos en la estructuración del psiquismo. Esta dimensión de la cultura y su época abre una relación con las llamadas patologías actuales, patologías del reflexivo y de la desmentida. Se trata de una zona fermental.
Pero en fin, hay mucho más sobre esto en el libro. Verán las viñetas clínicas que articulan conceptos de los que, seguramente, fueron su cuna.
El punto de partida para pensar, punto de partida lógico, sitúa tanto un momento en la vida del bebé como un lugar en la estructura. Esta concordancia es importante. Este lugar y punto que, es una apertura, es "lo real". Lo real del niño -que Myrta plantea- corresponde a su indefensión. Redimensiona así algo de lo que es nombrado con la palabra "indefensión". Dice la autora: "que ancla tanto en el cuerpo como en el símbolo". La indefensión inicial tiene un lado de falta de imagen, de no poder representar. Vemos aquí la importancia de la imagen. El gesto del bebé, con toda su fuerza pulsional, lo que la pulsión tiene de real, real-iza una imagen para la madre, "da a ver" y convoca la mirada, donde comienza a armar sus imágenes. La función materna tiene ahí un decisivo valor simbólico. La madre se ofrece y ofrece objetos, juguetes, sosteniendo ese espacio que Myrta denomina "metáfora viva". Espacio donde "lo real" se re-presenta como perdiéndose, cada vez se real-iza en un nuevo escenario, enlazando la pérdida, el fantasma y el significante. La madre cuando ofrece, iconifica lo real en juego. Ayuda a armar un necesario imaginario organizador y, con él, la "otra escena". Por mucho tiempo, como dice Lacan, el niño no puede apropiarse de la relación de pertenencia imaginaria. Funciona en el objeto: yo es otro. Dice la autora: "se encuentra por mucho tiempo en la factualidad real de un emblema, icono o índice (objeto transicional), antes de ganar un estatuto simbólico (representación, síntoma)".
Hacer con el otro es aquí hacer en el otro, lugar donde se arma el sujeto, en una transitividad y transicionalidad necesarias. El carácter de real-ización y de acto da cuenta de la facticidad de los signos, lo que les da eficacia simbólica, porque es en ese acto que se anuda real-imaginario-simbólico.
Ubico aquí un punto de partida y una zona de reflexión del libro. Verán como desde este ser-hacerse en el otro se trabajará un recorrido articulado entre formación de símbolo, de objeto y la producción del sujeto de deseo.
Hemos escuchado aquí rastros de conceptos de Winnicott. El objeto transicional, la transicionalidad, el "gerundio", como también se trabaja la "paradoja". Luego la autora hará una fina discusión del concepto de Winnicott sobre el impulso destructivo en relación con el concepto de pulsión de muerte en Freud, para plantear a ésta con un carácter "desagregativo".
Se trata de una discusión con conceptos de Winnicott, introduciéndolos en otro plano. No se trata de una aplicación ni de una traducción de conceptos. Como me referí antes, la autora realiza una lectura entre textos, haciendo producir, trabajar a otro autor en otro contexto. Es en este sentido que pienso corresponde leer estas propuestas.
En torno al concepto de pulsión y, en especial de pulsión de muerte, es a lo que me quiero referir a los efectos de retomar la idea de real-izándose en-con el otro y la necesaria separación, que irá permitiendo y siendo permitida por la pulsión, en el niño y en la madre. La concepción de la pulsión como un componente agregativo (Eros) y otro desagregativo (Thanatos) le permite pensar un movimiento de ida y vuelta, hacia y desde el objeto. La dirección al objeto genera un espacio entre el cuerpo propio y el otro. Pero es la pulsión de muerte la que cumple allí una función de corte. Es aquí donde toma la idea winnicottiana de que "el impulso destructivo es el que crea la exterioridad". Eros genera un movimiento de apoderamiento y alienación donde yo es el otro, mientras Thanatos efectúa un corte, un movimiento de desapoderamiento, pérdida y sustitución. Esta lectura de bordes teóricos con Winnicott, le permite a Myrta, con la disponibilidad de los aportes de Jacques Lacan, realizar otra puntada sobre este momento de la estructuración, donde el niño es y se hace con-en el otro. Esta ritmicidad agregativa y desagregativa de la pulsión es otro modo de entender u otro factor en juego. La pulsión de muerte, en tanto ligada a Eros, en tanto ritmando este movimiento de ida y vuelta al objeto, aparece como fundamento de la pérdida y sustitución, del acceso a lo simbólico. Sin dudas y esto es importante, es preciso considerar aquí estas características de la pulsión también en la madre (en el otro), en esa mezcla agregativa-desagregativa.
La autora subraya el interjuego de presencia-ausencia, la función estructurante del NO de la madre y de la desmentida en el niño. Pero se observará, en este punto, una continuidad con una ritmicidad significante, una positividad en oposición a una negatividad pero como negatividad fundante, que adquieren las distintas formas de real-ización, en los distintos momentos vitales del niño.
Finalmente invito a leer este libro como producto nuevo. Felicito a Myrta por esta producción, el libro, porque seguramente la lanzará a ella y a nosotros, los lectores, a otros pensamientos.

 

Presencia/Ausencia.
Una clave para la lectura del libro de Myrta Casas
"EN EL CAMINO DE LA SIMBOLIZACIÓN"

Dr. Daniel Gil - Montevideo- Uruguay

He aquí un hermoso libro, desde su portada con el óleo de Julita Pereda, hasta su hondo contenido. De ahí que el hecho de tener que presentarlo es una tarea al mismo tiempo placentera y difícil.
A la profundidad se agrega la amplitud del libro, ya que tiene 350 páginas. Pero esto no es todo. El estilo de Myrta es muy personal. A veces su lectura en voz alta permite seguir una cadencia modulada y armónica que se aproxima más a la manera de articular sus pensamientos en sus exposiciones orales y cuya riqueza no se aprecia en igual medida con la lectura silenciosa. Además la obra, si bien es una recopilación de artículos que pautan una reflexión sostenida por más de diez años, todos ellos han sido reelaborados profundamente. Creo que los que hemos seguido la producción de Myrta reconocemos sus textos pero, a la vez, nos parecen totalmente nuevos, y ello no sólo por esa reelaboración mencionada, sino porque articulados en su conjunto nos dan nuevas visiones, nos plantean nuevos problemas y nos abren nuevas perspectivas y soluciones.
Tampoco se debe creer que el libro es una progresiva acumulación de conocimientos y problemas que obliga a leerlo en forma ordenada, uno tras otro, como están en el índice. De ninguna manera Sin descartar que esa es una forma posible de lectura, más bien es el modelo Rayuela el que se puede adoptar: se comienza por cualquier artículo y se sigue por otro, ya sea elegido al azar o de acuerdo a un interés del lector o de acuerdo a las pautas que nos da Myrta al pie de página, donde señala las conexiones temáticas entre los artículos. Por lo tanto el trabajo de Myrta muestra un recorrido no sólo en espiral, que también lo tiene, sino, por sobre todo, en una rica y compleja red.
Por otra parte sería un error creer que éste es meramente un libro sobre psicoanálisis de niños. Es un libro sobre lo infantil, ese núcleo duro, permanente, propio de lo humano, porque, si como dice Lacan no hay síntesis posible de lo pulsional, si la pulsión siempre es parcial, si el deseo ancla sus raíces en las primeras pérdidas de lo que nunca existió, por lo tanto lo infantil es siempre vigente como anhelo de un reencuentro siempre imposible, siempre fallido. Eso justifica, además, la presencia de Javier y la mía en esta presentación, ya que ninguno de los dos nos dedicamos al análisis de niños, y de ahí también que este libro sea un libro para todos aquellos que se interesan por la concepción del ser humano que alumbra el psicoanálisis.
Por último: ¿cómo hacer para acercar a los lectores este libro? Creo que es imposible reseñarlo en su totalidad. Cada uno de sus artículos daría para un prolongado análisis, profundización, discusión. Se podría privilegiar alguno para exponerlo y desde allí desplegarse hacia el resto de la obra. Sin embargo yo intentaré otro camino.
Es archiconocida la afirmación nietzscheana, tan cara a los hermenéutas, de que no hay hechos, sólo interpretaciones. Esta afirmación descontextuada sería tachada por los viejos manuales de materialismo dialéctico como ejemplo del más recalcitrante idealismo. Sin embargo ella dice algo capital del pensamiento contemporáneo: en el mundo humano, es decir, en el mundo a secas, no hay hechos brutos, cualquier hecho es tal porque es aprehendido en una red de teorías, de comunidades interpretadoras, de ideas, en suma, en el marco de una cultura, y digo una cultura y no la cultura, evitando el etnocentrismo y respetando la singularidad de las culturas. Es desde esta posición que intentaré decir algo del libro de Myrta. Si es que puedo, trataré de desplegar no las teorías psicoanalíticas en que se nutre Myrta, cuyas referencias son evidentes y están explicitadas por ella misma en los distintos trabajos, sino las ideas, los conceptos y las concepciones que subtienden su pensamiento.
Desde mi lectura hay un centro organizador de su reflexión, que es el núcleo organizador del psiquismo humano: la polaridad presencia-ausencia. ¿Qué quiero decir con ello? Es harto conocido que el pensamiento de Freud, en una línea común con el pensamiento romántico, se articuló, en muchos de sus aspectos capitales, a partir de las polaridades: pulsiones del yo-pulsiones sexuales, pulsión de vida- pulsión de muerte, sujeto-objeto, etc. Pero quiero detenerme en las polaridades que expone en La organización genital infantil. Allí se establece una secuencia de lo activo- pasivo, pasando por lo fálico-castrado para alcanzar lo masculino-femenino. Esa sucesión no hay que leerla solamente en sentido vertical, sino también como cruces entre la derecha y la izquierda en sentido diagonal, con lo que se entretejen formas de identificaciones complejas y a veces patológicas. Ahora bien, detrás de ellas, sobre todo desde el núcleo organizador básico que es lo fálico-castrado, se encuentra una polaridad que es la de la presencia-ausencia. Y esta polaridad, que recorre todo el libro de Myrta, no es sólo psicológica o psicoanalítica, sino que es lógica y ontológica.
En primer lugar la podemos leer como una relación de oposición entre contrarios, propia de nuestro pensamiento consciente, de una lógica aristotélica, del proceso secundario. En el sentido de una dialéctica dura esta relación se resuelve con la exclusión de uno de los términos: los juicios de presencia excluyen la ausencia y vise versa. Pero si esto es en el plano lógico, esta relación, en el plano ontológico, responde a la polaridad parmenidiana del ser-no ser.
Frente esta polaridad Demócrito encuentra una vía alternativa cambiando los términos de presencia-ausencia, o ser-no ser, por pleno (átomos)-vacío. Con ello introduce la posibilidad de que los átomos salgan de esa perenne identidad inmóvil y que sus movimientos, a través del vacío, les haga cambiar de lugar y generar algo nuevo. Hegel señalaba en los siguientes términos este cambio sustancial: "... el punto de vista [...] según el cual el vacío constituye el fundamento del movimiento contiene este pensamiento profundo de que es en lo negativo en general que se encuentra el fundamento del devenir, de la inquietud, del auto-movimiento. Pero lo negativo no se debe tomar como la nada que se encuentra próxima a la representación: es la negatividad verdadera, lo infinito". Idea que también está en Heidegger con la hermosa metáfora del alfarero: el alfarero construye el cántaro no desde la solidez de las paredes, sino desde el vacío que promueve el movimiento de la construcción. De ahí el tetrápodo heideggeriano que reúne a los mortales y los divinos, a la tierra y al cielo, es decir, al mundo.
Para que opere este movimiento es necesario que los términos de la oposición, que responden a una diferencia fuerte y excluyente, se transforme en una diferencia débil. Para ello los términos se tienen que poner en cadena, es decir, en una combinatoria. Sobre ésto volveré luego.
Por otra parte la presencia hace referencia no sólo al espacio, también al tiempo, al presente. Pero el presente, como dice Derrida, no es puro, no es presente idéntico a sí mismo, es diferenzia, en el doble sentido de que difiere de sí mismo, no cumple con la identidad, y está en diferido temporalmente. ¿Qué significa esto? Ya Hegel señalaba que el futuro era el proyecto del pasado atravesando el presente. Bergson introduce la idea de la durée, es decir de un tiempo que no es el cronológico sino el vivencial y que, obviamente, no coincide con el tiempo de la cronología. Entonces es cierto lo de Derrida: el presente no coincide consigo mismo, el presente ya está lanzado hacia el futuro desde el pasado, pero el pasado - y eso lo dice Freud- es leído desde el futuro, es decir desde la realización del deseo. Y ésto tiene un nombre: nachträglichkeit, a posteriori.
Pero volvamos a las polaridades freudianas. En el genial análisis del olvido de un nombre propio, Freud articula la muerte y la sexualidad: la pérdida de la sexualidad, vivida como castración, es para el hombre lo pasivo, pero también es la muerte. "Sin eso no vale la pena vivir", dijo el compañero de viaje de Freud. Pero no es éste el camino que elige Myrta.
La filosofía, por lo menos hasta Nietzsche, ha concebido al ser como presencia. Pero el Ser, si es Uno, inmóvil, idéntico a sí mismo, coincide con la nada y a Myrta, en un retorno heracliteano, lo que le preocupa es el devenir, el siendo. Para ello parte de otra experiencia fundante de lo humano, cual es la indefensión, y entonces los términos excluyentes de presencia-ausencia ya no son tales. Éste, así lo veo, es un hallazgo fundamental que no sólo rompe con un pensamiento dicotómico, sino que es de una enorme riqueza y fecundidad.
Myrta descubre que en la experiencia humana la polaridad presencia-ausencia no es una relación de exclusión, sino una relación dialéctica: entre los dos términos existe un tercero, no explícito sino implícito, que los vincula a ambos, cosa imposible de pensar desde una lógica de los contrarios. Entonces, la ausencia, el vacío, como lo querían Hegel y Heidegger, es lo que promueve un movimiento, el de la negatividad, que, para que se produzca, requiere, por un lado, de un mecanismo: la desmentida, y por otro de un universo simbólico, la presencia del otro y del Otro, es decir, la presencia del semejante en el seno de una cultura.
Tomando el ejemplo de la ficción freudiana de la experiencia de satisfacción, haciendo de ella una nueva lectura, Myrta muestra que la ausencia, para el infans, no es mero juego lógico. Es situación vital y encarnada desde la prematuración, que crea la vivencia de la indefensión, del desamparo, de la cual sólo lo puede salvar el amor, el deseo, del otro. Myrta rescata en ello la hermosa idea de Freud del complejo del prójimo, expuesta en el Proyecto..., donde dice que "el prójimo es el primer objeto-satisfacción y el primer objeto hostil, así como el único poder auxiliador", y "es sobre él que el ser humano aprende a discernir" Pero la relación con el prójimo no es sólo el comienzo de la actividad judicativa: es desde la relación con el prójimo donde se asienta la moral. Es la puesta en juego de esta relación dialéctica la que va real-izando al ser humano. Es el gerundio, tan importante en el pensamiento de Myrta, lo que con fineza, sagacidad y rigor desarrolla a lo largo de esta obra y que da el título a su libro. Ese es el camino de la simbolización.
Dije antes que para que funcionara una relación dialéctica los términos se tenían que poner en cadena. Agrego ahora que tienen que formar una estructura. Ahora bien, el pensamiento de Myrta si bien tiene una relación con el estructuralismo, en lo profundo, tiene una diferencia radical. Más que la estructura Myrta atiende a la estructuración. La estructura, en el sentido fuerte del estructuralismo, es heredera de las ideas innatas y del a priori kantiano. Aparece como algo subjetivo, que funda al sujeto pero es trascendental o trascendente a él. Myrta, más atenta a la gestación del sujeto en la relación con el otro, analiza el proceso de estructuración como inmanente a la relación intersubjetiva. También utiliza las categorías de sujeto y objeto y de relación intersubjetiva, pero creo que las desborda y se aproxima más a la idea de un movimiento moebiano. Por último, si bien hace referencia a la idea aristotélica de potencia y acto, creo que más que la puesta en estructura, como decía Lévi-Strauss, es la gestación de la estructura lo que dilucida. No es que desconozca o niegue las bases biológicas de nuestro psiquismo. Lo que creo que piensa es que, existiendo ellas, no se trata de una simple actualización de algo que está en potencia, la estructura, sino de un largo y arduo proceso que se realiza en la conjunción del deseo y la represión, a partir del deseo del otro; de la misma manera que Freud decía que la pulsión es despertada por el otro. Pero la pulsión no es estructura, es empuje, que hace posible la estructura. Por ello, reitero, lo que Myrta nos propone es la hipótesis del proceso de estructuración. Dicho en otros términos: atiende al símbolo y a lo simbólico, pero por sobre todo estudia el proceso de la simbolización. O, en vez de la ya mencionada actualización, en una formulación que me place más, atiende al proceso de historización movido por el deseo.
Para ello recurre a la lingüística, pero no en sus aspectos formales, como los podemos ver en De Saussure, o en Chomski. Lo que Myrta atiende es al infans, a esa "carne de mi carne y sangre de mi sangre", como reza el dicho popular. Es decir, atiende al amor - y también al odio- porque todo amor, para bien o para mal, es narcisista, como dice Lacan. Por eso su posición es más próxima a Rousseau, quien decía que el lenguaje nació para expresar emociones. Por ello Myrta incluye, como pieza clave, al gesto. Y de ahí que el lenguaje se haga cuerpo, cuerpo deseante, cuerpo real atravesado por el símbolo. Símbolo que viene desde el otro, la madre, y el Otro, la cultura. La madre, y ésto ya lo había adelantado Freud, da sentido a la descarga motriz incordinada del niño nacida de la necesidad biológica, pero con ello organiza la demanda e introduce el campo del deseo. Entonces, entre la madre y el niño, más allá del intercambio de mensajes, tema al que se había dedicado la lingüística, lo que se producen son "juegos de lenguaje", para utilizar, ampliándolo, el concepto de Wittgenstein
De esta manera Myrta supera la concepción del lenguaje, propio de la lingüística clásica, que sólo ve en él el lado de comunicación de un mensaje que, aun con los enriquecimientos de Jacobson, está centrado en la función denotativa o referencial que, en lo profundo, es subsidiaria de la concepción de que el enunciado debe cumplir con el requisito de adecuar el intelecto con la cosa, es decir, tener como ideal al lenguaje de la ciencia. Con ello se desconocía el lado performativo, es decir el de "hacer cosas con palabras". En ese sentido, el gesto es la forma más directa y "forzada" ante la que el otro debe responder.
El niño indefenso tiene tres alternativas ante la ausencia, imposibilitado, como se encuentra, de aceptarla de entrada. Estas tres alternativas son: a) negarla, por exceso de la función materna, con la ilusión de la completud, de unión con la Cosa, encarnando el falo de la madre; b) ausencia de la función materna, sin lo cual también es imposible la organización del deseo. En ambas situaciones, ya sea el exceso o la ausencia de la función materna el resultado es el encuentro con el horror de la Cosa. No negatividad, sino nada. C) por último, por el mecanismo de desmentida, que niega la ausencia a través de una negatividad, en movimientos recurrentes y espiralados, se va elaborando, en forma gradual y paulatina, el duelo por un narcisismo imposible, organizando el deseo en los desfiladeros del significante, a partir del significante fálico y de su sucesor, el significante del Nombre del Padre, siempre y cuando la madre lo trasmita. Con ello, y he aquí un descubrimiento mayor de Myrta, esta desmentida, denominada por ella desmentida estructural, se constituye en defensa consustancial ante la indefensión y es, con pleno derecho, una pieza clave para la organización psíquica, junto con los otros mecanismos de defensa descritos por Freud: la transformación en lo contrario, la vuelta sobre sí mismo, la represión y la sublimación. De ahí también la idea del montaje pulsional. Esta desmentida es la que defiende al niño en un momento en que por su organización psíquica no esta capacitado de otra respuesta ante la angustia frente a la ausencia del otro, dimensión de la muerte, y la castración, como correlato imaginario de la ley y el Otro. Con ello se logra que, gradualmente, se instaure la represión y la sublimación, porque en realidad, lo que en este período se produce es un interjuego entre la represión y la desmentida. Este descubrimiento está en la línea de lo sostenido por Freud para quien la desmentida de la castración, en esta etapa de la vida, es un momento imprescindible para la constitución del primado del falo, etapa sin la cual sería imposible que se pudiera instaurar la castración imaginaria y simbólica. Es entre la desmentida de la ausencia y la represión de los deseos edípicos, que se juega toda la vida psíquica, concluye Myrta.
Es en el interjuego de la ausencia y la presencia, que se elabora a través de palabras y gestos, del objeto y el espacio transicional, del juego, (entre ellos el juego del "-Está. -No está", que Myrta describe y que es una pieza de una fineza semiológica y teórica estupenda), de los cuentos infantiles, etc., que se va produciendo y haciendo el camino de la simbolización, única forma de aceptar la ausencia del otro y la ley, que es como decir aceptar la castración y la muerte.
Myrta se revela contra las concepciones genetistas de lo preverbal, como si se tratara de maneras prelógicas o presimbólicas del psiquismo humano. No, no existe lo preverbal. Dice: "No hay un antes y después entre la imagen y la palabra, sino un interjuego entre ellos donde la relación será el objeto de la simbolización". Y esto es tanto para la historia del niño como para la de la especie. Leroi-Gourhan, mostró en las primeros grabados rupestres de hace 32.000 años, que junto a representaciones figurativas del genital femenino existían representaciones fálicas abstractas. Por lo tanto ni en el individuo ni en la especie hay un principio figurativo primero y más tarde, con la evolución, se alcanza un nivel abstracto, simbólico. Todo se daría entre la simbolización de la imagen y la imaginarización del símbolo, y esto es el trabajo de la negatividad, de la simbolización, actividad creadora, sublimación, que hace que "podamos disponer de una ausencia y no necesitemos cubrirla con un objeto". Cada movimiento, cada vuelta espiralada, es proceso de resignificación. Pero resignificación no se debe entender en el pensamiento de Myrta como mero otorgamiento de nuevos significados, si bien eso puede estar implícito. Resignificación es juego de significantes, proceso de historización del sujeto. Lo que sucede es que en el niño la simbolización es una forma de trabajo elaborativo entre el deseo y las defensas, y para ello dispone de lo simbólico que se realiza en la medida que se produce la simbolización. Conflicto entre el deseo y la represión, relación entre el sujeto y el otro, Trabajo de subjetivación.
Pero, una vez más, quiero subrayar la importancia que Myrta otorga a la ausencia en su articulación con la presencia. Si en Freud represión y deseos edípicos se pertenecen, y destaco deseos en plural, Myrta, al poner como elemento estructurador fundamental a la ausencia, la relaciona implícitamente con el deseo, ahora sí en singular. Diría que si en lo fálico-castrado están en juego los deseos edípicos y la angustia de castración (imaginaria); en el plano de la presencia-ausencia esta en juego el deseo como deseo de deseo, o deseo de ninguna cosa y, por lo tanto lo que se juega es la castración simbólica porque si no reconocemos la ausencia estamos condenados a repetir. De allí la necesidad del duelo y ese permanente deambular del humano entre la nostalgia y el anhelo.
No puedo seguir extendiéndome en esta tarea de análisis, que daría para mucho más so pena de fatigar al auditorio sin lograr agotar la riqueza de este libro. Sé que omito aspectos fundamentales en todo lo que tiene que ver con el análisis del juego, del gesto, del objeto transicional, de la relación Freud-Winnicott, de las relaciones con la semiótica, en especial la perciana, etc. Todo ésto será trabajo para el lector que, a partir de hoy, encontrará en este libro un referente mayor del pensamiento psicoanalítico.
A Myrta nos queda darle las gracias por su trabajo y sus aportes y esperar de nuevos desarrollos que, sin duda alguna, como ha sido hasta ahora, nos enriquecerán a todos.

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